Una etapa que termina

Cuando la tortuga queda varada en la arena, presiente su destino. Está exhausta. Ya no recuerda los años que ha venido a esta playa donde nació. Aquí dejaba sus crías cada temporada, y aquí se quedará ella ahora.

No las verá buscar instintivamente el mar. No verá sus primeros pasos, su primer chapuzón. En realidad, nunca contempló esa escena.

Se siente afortunada. Ha tenido una vida larga y satisfactoria. Conoció el amor en alta mar. Pescó y nadó con los cetáceos. Cruzó las aguas del planeta viviendo miles de aventuras. Ahora toca descansar. Jamás un desove le había costado tanto. Solo esperaba que muriera en paz, antes de que vinieran las gaviotas a picotearle los ojos.

Su cuerpo frío se camufló entre las dunas. Cuando el sol acarició el caparazón de la tortuga, intentó consolarla, pero no pudo. La luna se había llevado su último aliento hacia la briza que rizaba las olas junto a la orilla.

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